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Un viaje mágico en el corazón austral

Ushuaia es tierra de trineos con perros y caminatas con raquetas, excursiones ideales para realizar aun pasado el invierno.

Una forma divertida y original de disfrutar de los valles fueguinos recorriendo paisajes paradisíacos, sintiendo la emoción y la aventura que otorgan las actividades invernales entre lengas y turba, es regalarse un paseo en trineo.
Dejarse llevar por la imaginación distendidamente, y saborear a cada paso un viaje a la usanza más antigua, es un deleite imperdible que perdurará en la retina para siempre.
El lugar es en el sur más austral, donde el viento frío se cuela por las rendijas de un paisaje monocromático y el manto níveo lo impregna todo.
Y allá, confundiéndose con el silbo apacible que llena el ambiente, entre cabriolas y ladridos, los huskies¹ se disputan la elección de la próxima partida.
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¡Parece increíble!, pero los perros ansían salir, disfrutan su trabajo y compiten por los lugares disponibles en el trineo. (*)
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Con solo ver el movimiento, percibir el armado de los arneses y notar la presencia de extraños, ellos –los alaskanos- comienzan con el ritual que se repite cada vez que el musher² entra en escena: llamar la atención a toda costa.

“Siempre están predispuestos. Son animales que se destacan por su aptitud al entrenamiento, de alto rendimiento, cualidad de los perros de largas distancias. Los Alaskan Huskies son dóciles, amables, compañeros, saben convivir con la manada y resultan especiales en el trabajo con niños”, así presenta su experiencia Esteban “Gato” Curuchet, propietario del complejo invernal Valle de Lobos, en diálogo con Destinos.

MANOS A LA OBRA.


El centro, que funciona desde 1985 y es estación de cría y adiestramiento de perros, comenzó con Siberian Huskies y hoy cuenta solamente con Alaskan. “Una mezcla de siberiano con pointer, lebrel y bracco. Usamos esta raza porque tiene gran porte para carreras largas debido a su cuerpo atlético, delgado, de pelo corto y con gran potencia”, señala Curuchet, quien ofrece el servicio desde hace 20 años, y es el único argentino participante de la Iditarod, una travesía de 1.800 km. entre Anchorage y Nome (Alaska), entre otras carreras de sled dog.
“Inicialmente traje seis parejas de Alaska. Hoy tengo cinco líneas de sangre base para el criadero, para llevar a cabo las actividades planificadas para el invierno: sled dog (trineos), visitas guiadas al criadero y paseos, y trekking con raquetas de nieve. Y en verano, visitas guiadas, avistaje de castores y trekking. De esta última, la más conocida es a la laguna Esmeralda.”
A las funciones tradicionales, se suma sky jooring, esquí de fondo; y bike jooring, ciclismo; ambas con la ayuda de canes.
Recorrer los amplios valles cordilleranos en trineo permite escurrirse sobre la nieve sin tablas en los pies, pero conservando la adrenalina y la emoción de una travesía sin parangón.
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Entretanto, los verdaderos protagonistas de esta actividad se muestran impacientes mientras los pasajeros se acomodan, agitación que crece hasta escuchar el silbido que marcará la marcha, no sin antes cumplimentar las recomendaciones dadas a los viajeros: piernas extendidas dentro de la cesta, manos enguantadas y gorro en la cabeza. (*)
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Para todo buen musher lo primero y más importante son sus perros, por eso ocupan bastante tiempo en el cuidado y la comida adecuada, que no sólo consiste en alimento balanceado: se le agrega grasa, carne, pescado, aceites y complejos vitamínicos de acuerdo a la estación del año y actividad desarrollada.

Otras de las acciones llevadas a cabo es el entrenamiento de los animales. “En invierno se realiza sobre una pista de nieve y con el trineo, pero en verano armamos un cuatriciclo sin motor -que simula el trineo- y corren por pistas preestablecidas; también se agregan las caminatas. El entrenamiento es programado para cada perro, ya que no es lo mismo un cachorro que uno con experiencia, o un líder que un perro de fuerza”, indicó el “Gato”.

HUELLAS EN LA NIEVE
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Pasaron muchos años hasta que aquellos primeros trineos de madera y cuero fueran suplantados por los de grafito, fibra de vidrio o nylon.
Lo que nunca varió fue el empeño de los canes por llevar adelante su encomiable tarea.
La disposición se fija de a pares -macho y hembra o dos hembras (madre e hija)- para evitar las peleas durante la marcha. Adelante se coloca a los líderes, que son los que conocen las órdenes y el camino; en el medio van los teams; mientras que los fuertes y robustos se sitúan pegados al trineo, para sacarlos de la inmovilidad y arrastrar la estructura.
La cantidad de perros depende del recorrido y el peso, considerado en un máximo de 300 kg.
“En nuestros circuitos, que van de los 2,5 a los 10 km., utilizamos de 8 a 10 perros. Igualmente el máximo permitido en carreras es de 16”, dijo Curuchet.
A la hora de emprender la recorrida -dadas las circunstancias-, el musher sabe ir acompañado. Verónica, Juan, Javier y Alejandro, son los handlers³ de la temporada estival; a los que se suman Nicolás, Ezequiel, Andrés, Jonathan y Miguel, en invierno. Ellos se harán cargo del equipo cuando el musher finalice una carrera, sesión de entrenamiento o paseo. Pero además ayudan a manipular los perros, ubicarlos en el trineo, poner y quitar arneses, suministrarles agua y comida, y velar por la salud de los animales.
Asimismo, para la formación del líder –para identificar el carácter y su aptitud- entre el musher y el handler ubicarán al novato al lado de uno experimentado para que reconozca las órdenes y se grabe el trayecto.
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Al primer silbido el grupo impulsa al trineo y su carga con ánimo desmesurado -sorteando desniveles, curvas y contracurvas-, respondiendo a las órdenes impartidas: “ambai”4, “ja”5, “yi”6, para vivenciar –como sucesivos fotogramas- unas vistas sin igual hasta cumplimentar el recorrido pautado. Y ante el imperativo “hoo”7, la marcha se detiene y los perros quedan atentos al próximo paso. (*)

(*) Apuntes del autor.

PROGRAMACION TODO EL AÑO.


El mito que rezaba que sólo pueden hacerse actividades con nieve quedó atrás. Hoy, Valle de Lobos cuenta con una variada programación anual.
• INVIERNO.
Valle Carabajal, la más dura, comprende tres jornadas completas, con muy bajas temperaturas por las noches. Propuesta clasificada como exigente, requiere de indumentaria y equipo personal adecuado. Incluye pernocte en carpa en campamento de altura, ya que se interna en la cordillera de los Andes. Previamente se realiza una jornada de enseñanza: alimentación, costumbres, aparejado, voces de mando, etc., que son practicados por los pasajeros antes de partir. Durante la travesía se utilizan trineos, raquetas o grampones de hielo.
Yefacel, trayecto diurno de 2,5 horas. Recorre 4 km. sin sortear desniveles importantes. Propuesta de baja dificultad, apta para cualquier persona sana.
Fogón blanco, se realiza de noche durante 4 horas y comprende condiciones de nieve y bajas temperaturas. Clasificado como muy fácil -requiere indumentaria adecuada para las bajas temperaturas-, el programa está armado para personas de toda edad que quieran experimentar la sensación de recorrer los valles a la usanza más antigua. Incluye caminata con raquetas y cena.
Paseo Kilak, recorrido diurno de 7 km., durante 40 minutos según las condiciones de la nieve. No sortea desniveles importantes. Ideal para realizar con toda la familia.
Paseo corto, diurna. Dependiendo de la nieve, 10 minutos. Comprende condiciones de bajas temperaturas, no se sortean desniveles importantes y sólo requiere algo de abrigo. Ideal para realizar con toda la familia.
Momento Olum, diurna de 4 horas. Comprende condiciones de nieve y bajas temperaturas. Es una propuesta fácil y sólo requiere indumentaria adecuada. Incluye caminata con raquetas y almuerzo.
Sendero del Hain, diurna, duración 1 hora (40 minutos de trekking). Esta proposición está calificada como de baja dificultad, apta para cualquier persona sana, ideal para salir en familia.
• VERANO.
Visita al criadero, 45 minutos aproximadamente, incluye video y charla.
Glaciar Albino: 7 horas. Dificultad media. Distancia: 14 km. Desnivel: 250 m.
Laguna Esmeralda: 4 horas, 3 de trekking. Dificultad media. Distancia: 8 km. Desnivel: 100 m. Llevar botas de trekking impermeables o en su defecto un par de recambio, y rompevientos liviano.
Avistaje de castores: 3 horas aproximadamente. Dificultad baja. Distancia: 1 km.

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