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Sol y Playa

Cuatro islas para soñar el paraíso

Soberbios territorios insulares con paisajes idílicos. Algunos sin vehículos a motor; varios agrestes y tranquilos, que invitan a disfrutar de la naturaleza; otros con reconocida vida nocturna. Todos con hermosas playas. Aquí estas cuatro propuestas para aislarse en el litoral de Brasil.    

Alejarse, huir de la rutina, de los sabores repetidos, el idioma materno y el cielo de casa. Ponerse fuera del alcance de las pequeñas preocupaciones cotidianas que erosionan esa tranquilidad quincenal tras la cual corremos durante el resto del año. Aislarse. Literalmente. Porque no es lo mismo alejarse unos kilómetros de casa por tierra firme que ser más literales y embarcarse en la aventura de pasar las vacaciones en una isla.

El litoral brasileño ofrece múltiples posibilidades para quienes sueñan con poner mar de por medio con su día a día y desembarcar en el paraíso. Aquí estas cuatro propuestas para aislarse en el litoral de Brasil.

1- EL PARAISO ACA NOMAS: ILHA DO MEL.

Es asombroso que esta isla en el litoral del estado sureño de Paraná, justo a la altura de las Cataratas de Iguazú, no se haya tornado más popular entre los argentinos que aman la magia exuberante de las playas brasileñas. Es cierto que se trata de un destino para aquellos que están dispuestos a la aventura: parte del encanto del lugar consiste en adentrarse en interminables caminatas por estrechos senderos -en portugués trilhas- entre la espesa vegetación de la mata atlántica. Pero su paisaje es tan impactante que quienes gustan de los lugares agrestes y tranquilos suelen visitarla una y otra vez.
En Ilha do Mel no están permitidos los transportes a motor ni la tracción a sangre, de modo que los recorridos por los poco más de 27 km² de la isla se realizan a pie o en bicicleta.
Los turistas se reparten mayoritariamente entre los poblados de Encantadas y Nova Brasilia, aunque también hay opciones en Praia do Farol, en general buscadas por quienes practican surf.
Playas desiertas separadas por morros verdes de selva que permiten apreciar las costas desde lo alto, forman sus paisajes únicos. El lugar puede parecer pequeño, pero una semana en la isla no basta para conocer todas las playas y sitios de interés.
Uno de los imperdibles es la visita a la fortaleza de Nossa Senhora dos Prazeres, construcción del siglo XVIII a la que se llega a pie -por la playa o por senderos interiores- desde Nova Brasilia. Su silueta de piedra y sus antiguos cañones merecen una visita que se completa con una parada en alguno de los bares cercanos, sobre una playa que entrega fotos aún más deslumbrantes con marea alta. También desde Nova Brasilia se arriba al Farol das Conchas, un faro blanco que divide desde lo alto de un morro la playa del Farol y la de Fora.
Desde el pueblo de Encantadas, atravesando la isla en pocos minutos, se llega a Mar de Fora: una playa ancha con oleaje más fuerte que alto. Un punto de interés, al que se accede por la playa con marea baja, es una gruta que encierra varias leyendas. También vale la pena subir el morro que la separa de la Praia do Miguel: ésta es quizá la más hermosa de la isla, con olas suaves y transparentes que tienen la fuerza perfecta, y cuyas arenas finísimas están casi siempre desiertas.
La playa de Encantadas, de aguas quietas que con marea alta llegan incluso a lamer las paredes de las construcciones que se encuentran sobre la arena, no es la mejor para el baño por la gran cantidad de embarcaciones que allí circulan. Pero sí es ideal para elegir un bar y sentarse al caer de la tarde.
Por las noches, hay algunos restaurantes y bares con música en vivo en temporada. Las trilhas no están iluminadas, por lo cual es imprescindible llevar linterna. Como una medida más de preservación, el sonido amplificado debe terminar temprano. Entonces, desde las posadas, el sonido de las olas atraviesa el silencio espeso de la noche y reina hasta un segundo antes del amanecer. En ese instante se encienden al unísono pájaros, insectos, lagartos, roedores y otros seres imposibles de identificar para dar forma a un aturdidor concierto selvático que nos recuerda que estamos aislados en medio de esta naturaleza abrumadora.

Informes: www.ilhadomel.com/www.ilhadomelpreserve.com.br.

2. LA JOYA DE LA COSTA VERDE: ILHA GRANDE.

Desde Angra dos Reis -a 151 km. de Río- se puede llegar hasta la Vila do Abraão en un servicio regular de barcas o en catamarán. En éste, el pueblo más grande de Ilha Grande, está la mayor parte de las pousadas, tiendas, bares y restaurantes, además de algunos puestos de artesanías. De aquí también salen los paseos a los diferentes puntos de la isla. Otra opción -ésta recomendada para los que prefieren aún más tranquilidad- es hospedarse en Araçatiba.
Aquí tampoco circulan vehículos, de modo que las propuestas son caminar por trilhas entre la espesa vegetación para llegar a playas deslumbrantes, navegar, o explorar los fondos marinos haciendo esnórquel o buceo.
Pero vayamos a las playas: las que rodean la isla son en total 86, en un territorio de 193 km², con 30 km. de largo y 14 km. de ancho, por lo cual recorrerla toda es complicado. Aunque, está claro, va en gustos, muchos coinciden en señalar como imperdible la de Lopes Mendes. Se trata de una impactante playa oceánica, de 3 km. de arenas blanquísimas y olas fuertes, aunque en realidad es poco profunda. Los colores del mar y la transparencia del agua son soñados y, aunque se trata de una playa desierta, es posible resguardarse del sol bajo la vegetación.
El sitio conocido como Lagoa Verde es otro de los preferidos. Sus aguas calmas reflejan el verde de la vegetación. Un detalle: un restaurante flotante, famoso por sus carnes al estilo del sur de Brasil, hace las delicias de los visitantes.
Cuentan que Saco do Céu -en español "bolsa del cielo"- recibe su nombre porque sus aguas son tan calmas que por las noches reflejan las estrellas. Allí la belleza es inigualable: palmeras inclinadas sobre el mar se alternan con manglares y arenas blancas, un pequeño muelle, algunas casas y hasta una iglesia.
Las playas do Aventureiro -agitada, frecuentada por surfers y habitada por unas 100 personas que reciben al visitante con una hospitalidad también típica-; do Caxadaço -de difícil acceso en caminatas de más de cuatro horas, pero de enorme belleza-; y da Paranoica -aún más lejos y más agreste, abundante en flora y fauna e ideal para ver el atardecer sobre el mar-; son buenos motivos para pasar más días en la isla.
A la hora de emprender las caminatas, es necesario saber que hay 16 trilhas señalizadas, algunas aptas para todo público y otras que requieren de cierta preparación física, pero todas muy bien señalizadas con información acerca de sus atractivos, distancias y tiempos.
Informes: www.ilhagrande.org/www.ilhagrande.com.br.

3- LA ISLA DE LA FANTASIA: MORRO DE SÃO PAULO.
Famosa por su belleza y también por sus interminables noches de fiesta, el Morro de Sao Paulo -a 308 km. de Salvador, Bahía- es casi la materialización del sueño de unas vacaciones perfectas. La isla tiene todo lo necesario para volver a casa con las postales de aguas transparentes, pececitos de colores, palmeras recostadas sobre las arenas doradas, un fuerte desde donde retratar los mejores atardeceres y un faro desde el cual obtener panorámicas asombrosas. Será por eso, y por sus pequeñas magias que enamoran, que esta isla es adorada por el turismo internacional.
El señorial arco de piedra que da la bienvenida sobre el muelle, la plaza coronada por la pequeña iglesia de Nossa Senhora da Luz (de 1845), los bares, restaurantes y tiendas que bordean una serpenteante callecita que lleva hasta la playa, anuncian la belleza del lugar, que se confirma con una espectacular vista del conjunto antes de llegar a la arena.
Tan hermosas como poco originales en sus nombres, las playas del Morro fueron bautizadas de acuerdo con su distancia desde el centro. La Primera es, así, donde se levantaron las primeras casas y posadas; y en la actualidad el epicentro de las actividades náuticas.
La Segunda concentra la mejor infraestructura, con bares y paradores donde pasar el día. Es también la más agitada por las noches, con música en vivo y fiestas sobre la arena. Separada por una pintoresca islita, aparece en el paisaje la Tercera, en la que, al subir la marea, las olas golpean la callecita protegida con piedras. La Quarta es probablemente la que sueña el turista: una extensión interminable de arenas doradas sembrada de abundantes y altísimas palmeras. Una gran barrera de coral frente a la costa forma varias piscinas naturales en las que, con o sin esnórquel, se puede pasar un largo rato apreciando los cientos de pececitos amarillos con rayas negras que nadan despreocupados entre los turistas. Un poco más adelante, la playa invita a caminar hasta quedarse solo.
El Morro es un destino completo, activo, donde las propuestas para los turistas son un seguro contra el aburrimiento: surf, kitesurf, cabalgatas, vueltas a la isla en barco, paseos para ver ballenas y también buceo, son algunas de las actividades que integran una lista inagotable.
Al atardecer, los visitantes se dividen entre las rodas de capoeira y los atardeceres desde el fuerte, imponentes ruinas de un conjunto defensivo cuya construcción comenzó en 1630.
Famoso también por su noche, el destino ofrece variadas opciones de restaurantes y bares, pero también fiestas en la playa y discos.
Informes: www.morrodesaopaulo.com.br.

4- UN VIAJE AL AZUL PROFUNDO: FERNANDO DE NORONHA.
La isla de Fernando de Noronha es la única habitada de un archipiélago formado por otras 20 que integran el Parque Nacional Marino del mismo nombre, a 545 km. de las costas del estado de Pernambuco, en el Nordeste de Brasil. Se trata de un área preservada de 17 km², con poco más de 3.000 habitantes, donde el turismo se desarrolla de modo sustentable: la cantidad de visitantes está limitada a 450.
Su origen volcánico hace del paisaje algo deslumbrante y peculiar y explica las particulares formaciones basálticas que moldean el paisaje, entre las que sobresale el omnipresente Morro do Pico. Pero en Noronha las estrellas son, claro, las playas que año tras año encabezan los diversos rankings del litoral brasileño. Pedazos arrancados de los sueños más delirantes, son además diversas y originales en su belleza. Se dividen, básicamente, entre las que se encuentran en Mar de Dentro -orientadas hacia el continente- y las de Mar de Fora, de cara al Atlántico.
La Bahía de Sancho es reconocida de manera unánime como la más hermosa de Brasil. Desde sus acantilados se obtienen vistas de sus aguas de colores inverosímiles. Otra de las más afamadas es Bahía dos Porcos, con formaciones rocosas que abrigan piscinas naturales, y enfrentada a los morros Dois Irmãos, conforma otra de las postales del destino. Cacimba do Padre es la preferida de los surfers, con olas que alcanzan los 5 m.; mientras que la Praia da Conceição, por el contrario, es elegida por sus aguas tranquilas y su fácil acceso.
Pero si viaja a Fernando de Noronha, meca de los buceadores y uno de los mejores sitios del mundo para inmersiones por la visibilidad de su mar transparente, que suele alcanzar los 50 m., no puede dejar de asomarse a este universo asombroso. Para una primera aproximación bastará una máscara de esnórquel; o pasear en una embarcación con un piso de vidrio que funciona como una gran lupa. Pero quien tiene la fortuna de visitar este paraíso para pocos, debería atreverse a profundizar un poco más provisto de un tanque de oxígeno y alentado por instructores acostumbrados a guiar a los inexpertos. El universo casi detenido del azul profundo de Noronha invita a nadar junto a peces de colores, añosas tortugas y enormes mantarrayas; y a observar azorados la milimétrica belleza de las esponjas y los colores brillantes de los corales.
Rica también en historia, debido a su estratégica localización, Noronha propone una caminata por Vila dos Remédios, donde se puede visitar el museo y la iglesia, pintoresco templo de 1772; el Fuerte de Nossa señora dos Remedios -del siglo XVIII, desde donde se aprecia una impactante vista de la Bahía Santo Antonio-, y el Palacio San Miguel, entre otros. Tampoco se puede dejar de recorrer la isla en buggy o 4x4, en paseos que se detienen con tiempo para bañarse en algunas de las playas más atractivas.
En Noronha también las trilhas son una de las mejores maneras de adentrarse en la naturaleza del lugar. Son 10, con una extensión que varían entre los 2 y los 3 km., todas señalizadas y con miradores que permiten asomarse a nuevos paisajes deslumbrantes a cada paso.

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