A 49 km. de Bogotá se encuentra una de las maravillas de Colombia -quizás también del mundo- y el lugar de visita obligado para los extranjeros: la Catedral de Sal de Zipaquira, considerada actualmente como uno de los logros arquitectónicos y artísticos más notables del diseño colombiano.
Originalmente, en sus inicios la catedral era la antigua mina de sal de Zipaquira, cuyos yacimientos eran explotados por los mineros. Fue su devoción la que llevó a que hace 76 años se construyera una capilla subterránea, donde antes de iniciar su jornada laboral pedían bendición y protección, adornando los socavones con imágenes religiosas.
Si decide visitar esta maravilla ingresará por el mismo gran túnel que sirvió en aquel entonces a estos mineros. Prepárese para realizar un recorrido por socavones, galerías o cámaras de explotación de 16 m. de alto por 10 m. de ancho, y una profundidad que varía entre los 60 y los 120 m. durante aproximadamente una hora.
Por ésta y otras tantas razones, es uno de los santuarios católicos más célebres del país, que durante Semana Santa es visitado por miles de creyentes.
El recorrido se divide en tres trayectos básicos: el primero lo constituye el vía crucis, en el que en cada estación se levantan bellísimos altares tallados en roca de sal.
Continuando con el trayecto, el segundo está conformado por la cúpula, desde donde se puede observar la cruz mayor de 16 m. de altura, ubicada en la nave central. Es un imponente e inmenso crucifijo, iluminado y tallado en bajorrelieve, que lo obligará a detenerse por unos minutos a observar y admirar su belleza.
De igual manera, conforman el tramo intermedio la rampa de descenso a las cámaras, los balcones superiores y el atrio.
Y para finalizar, en la profundidad de la nave se encuentra La Creación del Hombre, obra tallada en mármol del escultor Carlos Enrique Rodríguez Arango en homenaje a Miguel Ángel.
Cuatro inmensas columnas cilíndricas simbolizan a los cuatro evangelistas y están atravesadas por una grieta que representa la natividad y descenso de Cristo.
Así, la catedral es mucho más que una iglesia construida en sal: es una maravilla que lo impactará.
Al recorrerla se pierde la noción del tiempo, la luz, el calor, el sonido, el color, el viento y el movimiento: es el camino a una nueva visión interior, un mundo subterráneo inmutable, misterioso, que invita a la meditación, a la reflexión, a la oración, a una auténtica experiencia.
Y si le teme a las profundidades, no se preocupe: el sitio cuenta con planta de energía eléctrica y vía vehicular por si se presenta alguna emergencia. Además, posee una óptima infraestructura que le brinda seguridad al turista durante todo el recorrido.
Cabe destacar que en 2007, en un concurso en el que se eligieron las Siete Maravillas de Colombia, la Catedral de Sal obtuvo la mayor votación. Además, fue propuesta para las Siete Maravillas del Mundo Moderno.
Catedral de Sal de Zipaquira: un encuentro profundo con la espiritualidad
Durante su recorrido se desvanece la noción del tiempo, de la luz, el calor, el sonido y el movimiento; este lugar invita a la reflexión y radica su valor como patrimonio cultural, religioso y ambiental. Se encuentra a 49 km. de Bogotá y originalmente era una mina de sal.
TIPS PARA EL VIAJERO
No olvide llevar calzado cómodo, es una larga caminata.
No está permitido ingresar con trípodes.
No se permite la entrada de mascotas.
Horario de atención: lunes a viernes de 9 a 16.30. Los fines de semana y días festivos, de 9 a 17 (jornada continua).
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