Cuenta la leyenda que una serpiente dormida rodea la isla de São Luis, en Maranhão: el día en que su cabeza llegue a encontrar la cola, el monstruo se morderá a sí mismo y se levantará de su oscuro escondite para destruir la ciudad, que será para siempre tragada por el océano. Aseguran, también, que uno de los lugares donde se puede corroborar esta historia es en la Fuente do Ribeirão, donde estaría la cabeza del animal. Mirando entre las rejas de la entrada, dicen, se pueden ver los ojos de la víbora brillando en la oscuridad. Según la creencia popular, la serpiente habita las galerías subterráneas que recorren el casco antiguo de la ciudad; su panza se encuentra a la altura de la iglesia do Carmo, y la cola cerca de San Pantaleón.
Esta es la carta de presentación de la mágica ciudad de São Luis, capital del estado de Maranhão, tierra de gran belleza natural pero también de una riqueza histórica y cultural intensa y original, al punto de ser conocida como “la Atenas Brasileña”.
Fundada en 1612 por los franceses y ocupada más tarde por holandeses, São Luis es –sin embargo- una de las ciudades más portuguesas de Brasil. Sus coloridas fachadas adornadas de azulejos, y los elegantes balcones de unas 5.000 construcciones coloniales, conforman un conjunto arquitectónico de peculiar atractivo, reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Los caserones, que datan de los siglos XVII, XVIII y XIX, se alinean en estrechas callejuelas empedradas adornadas por farolas, en un centro histórico de más de 280 ha., entre los más grandes e imponentes de Brasil y América.
El Bairro da Praia Grande es el más antiguo, centro comercial y económico a fines del siglo XVIII, hoy convertido en epicentro de la cultura y el ocio, donde se encuentran varios edificios históricos.
En el conjunto se destaca, claro, la arquitectura religiosa. La Igreja da Sé es una de las más antiguas, levantada en 1626, en la que sobresalen las dos torres y el altar mayor tallado en oro. El convento do Carmo, construido en el siglo XVII, resulta interesante por su fachada revestida de azulejos portugueses y por la escalinata de acceso. El convento das Mercês, de mediados del siglo XVII, fue seminario, cuartel de policía, de bomberos y en la actualidad alberga a una fundación.
Entre los museos que pueden visitarse están la Cafuá das Mercês (Museo del Negro), espacio cultural que conserva objetos que relatan la historia de la esclavitud en el estado, construido en el que fuera un añejo depósito de esclavos en la época colonial. Otro museo de interés es el de Arte Sacra, con colecciones de estilos manierista, barroco, rococó y neoclásico, que datan de los siglos XVI a XIX.
El Palacio de los Leones fue levantado en el lugar donde los franceses habían construido el fuerte Saint Louis –en homenaje a su rey- y que en 1615 con su expulsión pasó a llamarse São Felipe, esta vez en honor al monarca español. De la antigua fortaleza se conservan dos baluartes y, tras diversas reformas y ampliaciones, el edificio es hoy sede del gobierno del estado. La sede de la autoridad municipal se encuentra en el conocido Palacio La Ravardière, erigido en 1689.
El Teatro Arthur Azevedo, conocido también como Teatro São Luís, es uno de los más bellos y antiguos de Brasil. Su construcción se inició en 1815 cerca de la iglesia do Carmo.
Tiendas, teatros, bares, restaurantes y hoteles se mezclan con los edificios de importancia histórica haciendo más amable el paseo.
Pero tampoco hay que olvidar que la capital de Maranhão se encuentra en una isla: los amantes de las playas podrán disfrutar de las opciones que se extienden por 32 km. Entre las más frecuentadas se encuentran Ponta D’Areia, do Boqueirão y da Guia; mientras que también merecen una visita las de Olho D’Água y Calhau.
LOS LENÇOIS.
Los muchos puntos de interés de la capital, sin embargo, no impiden recordar que la mayoría de los viajeros que llegan hasta el estado lo hacen para conocer un atractivo natural único. El Parque Nacional dos Lençóis Maranhenses es tan sorprendente que cualquier descripción resulta insuficiente. Quizá convenga decir que se parece a un gran desierto, si no fuera porque aquí llueve 300 veces más que en el Sahara africano. Entonces, las dunas que se extienden por 155 mil ha. llegando hasta los 40 m. de altura, aprisionan similar cantidad de lagunas de agua dulce, que pincelan el dorado de las arenas de verdes y azules inverosímiles. Estos verdaderos oasis tropicales hacen las delicias de quienes se aventuran a caminar las colinas de arena convirtiéndose en paradas obligatorias donde darse un chapuzón y hasta nadar entre pececitos transparentes.
Se trata de un fenómeno geológico raro, formado a lo largo de millones de años por la paciente acción de la naturaleza, por lo cual el parque es una zona protegida por el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama). El turista será advertido sobre la preservación del entorno y la estricta prohibición de dejar basura de cualquier tipo.
Situado en el litoral oriental de Maranhão, el Polo Parque de los Lençóis, comprende los municipios de Humberto de Campos, Primeira Cruz, Santo Amaro y Barreirinhas, este último principal puerta de entrada de turistas.
Cada mañana, los vehículos 4x4 parten a la aventura. Aunque para el viajero sin entrenamiento el paisaje que alterna dunas y lagunas parece infinito, quienes conocen el lugar se orientan de alguna manera y llevan a los turistas asombrados a los puntos imperdibles, entre los que se destacan las lagunas Azul, Bonita, de la Gaviota y del Peixe.
Pero primero será necesario atravesar el río Preguiça (“pereza” en portugués, un alentador nombre para comenzar un paseo que combina a la vez adrenalina y relax), montando el vehículo sobre precarias balsas. Una vez del otro lado, la aventura sigue por senderos de tierra y arena, atravesando pequeños cursos de agua durante cerca de una hora.
Una vez llegados a destino, todos deben bajar del vehículo y emprender la subida a pie. El camino no es fácil, pero bien vale la pena. Hay que trepar una duna alta que parece deshacerse a cada paso. En la cima, la recompensa es un paisaje que deja sin palabras. Dunas que llegan hasta donde alcanza la vista, en un suave paisaje de colinas de arenas finas y blancas generadas por la acción de los vientos que soplan constantemente desde el mar, alternándose con las ondulaciones llenas de fresca agua de lluvia. El asombro se repite 50 km. tierra adentro y en una extensión de 70 km. de litoral, de playas desiertas, cálidas y bellísimas.
Abajo, las lagunas Azul y Bonita esperan como una bendición de frescura. Lo mejor es visitarlas en días sucesivos, pero quien disponga de una sola jornada podrá sumergirse en ambas, aunque le resultará algo cansador.
Otra posibilidad es hacer el paseo por el río Preguiça en lanchas que salen desde Barreirinhas y llevan a conocer la playa de Caburé, donde hay diversas posadas y pequeños restaurantes que sirven comida casera y regional.
El mismo río puede navegarse también en lanchas o barcos hasta su desembocadura: en el camino las paradas obligatorias para contemplar el paisaje se alternan con la posibilidad de conocer las comunidades de Atins y Mandacaru, donde un faro ofrece una vista inigualable del parque.
Aunque el paisaje se parece en parte al de un desierto no lo es: por eso los guías ayudan al turista a conocer la curiosa flora y fauna que habita esta parte del continente. Un atractivo aparte es presenciar una puesta de sol en este escenario singular sobre las vastas extensiones de dunas doradas salpicadas de lagunas.
Maranhão, paisajes por develar
Cómo llegar: Gol y TAM llegan al aeropuerto de São Luis desde San Pablo y Río de Janeiro. Para llegar a los Lençois por vía terrestre desde la capital del estado hay que recorrer 58 km. hasta Rosário, 22 km. hasta Morros y otros 162 km. hasta Barreirinhas. El viaje demora unas 3 horas en auto y cerca de 4 en los ómnibus que parten a diario desde la terminal de la ciudad. También hay taxis aéreos que llegan en unos 50 minutos con la ventaja de permitir apreciar el paisaje en su totalidad desde el aire.
Cuándo viajar: el parque puede visitarse durante todo el año, pero como las lagunas se forman con la acumulación de aguas de lluvia que caen entre diciembre y junio, lo ideal es ir al comienzo del segundo semestre, cuando empieza la temporada alta. Con la temporada seca algunas lagunas se vacían, aunque las mayores siempre permanecen aptas para el baño.
Qué llevar: ropa liviana, protector solar (en las excursiones no hay sombras donde guarecerse), gorro, anteojos oscuros y repelente contra insectos.
Informes: www.turismo.ma.gov.br/www.parquelencois.com.br.
Temas relacionados

