Visitar Éfeso es, por lo menos, fascinante. Se trata del área arqueológica más grande del mundo, con el agregado de que alberga obras antiguas exhibidas en su lugar original.
Situada en la parte occidental de lo que fue el Asia Menor, en la península de Anatolia, no solo comprende los yacimientos de la antigua y esplendorosa ciudad, sino también las ruinas del templo de Artemisa, la basílica y tumba del apóstol San Juan y el Museo de Éfeso.
LARGA HISTORIA.
Para comprender la magnitud y belleza de este sitio es necesario remontarse a la Edad Antigua. Muy sintéticamente puede decirse que fue una de las 12 ciudades de Jonia, con un puerto de enorme relevancia, ya que por él se conectaba el comercio entre Oriente y Occidente (el mar llegaba hasta la ciudad, aunque desde el siglo V –por procesos de sedimentación y erosión– tuvo un fuerte retroceso, lo que lo alejó de la actual línea de la costa).
Luego fue conquistada por los cimerios, por Creso (rey de Lidia) y poco después por Ciro el Grande, rey de Persia.
Por ese entonces, Éfeso debía su gran renombre al templo de Artemisa (Diana, en la mitología romana), una divinidad representada con múltiples pechos, símbolo de la fertilidad, a quien se rendía culto. Era la diosa de las cosechas, de la naturaleza y de la caza.
Sin embargo, en 356 a. de C. fue destruido por el incendio provocado por un pastor llamado Herostrato, quien quería ser famoso y lo logró de esa manera. Nada se salvó; Artemisa no pudo protegerlo porque estaba en Macedonia: aquella noche fue la misma en la que nació Alejandro Magno, quien luego expulsaría a los persas y contribuiría generosamente a la reconstrucción del templo, designando al arquitecto Dinócrates para supervisar el proyecto.
Tras la muerte de Alejandro Magno, Lisímaco –uno de sus generales– tuvo el control del oeste de Anatolia. Posteriormente, fue sometido al dominio de Egipto y Siria, y en 190 a. de C. pasó al poder de los romanos, convirtiéndose en capital de ese imperio en Asia.
Así, Éfeso tuvo un notable progreso, fundamentalmente en la época del emperador Augusto. Llegó a tener 250 mil habitantes y fue una de las ciudades más importantes del orbe.
Su gloria no disminuyó con la época cristiana. El apóstol San Juan eligió esta urbe para predicar ante este numeroso pueblo pagano y escribir su Evangelio, mientras que, como había prometido a Jesús, cuidaba de la virgen María, quien –se dice– vivió allí hasta su muerte.
Asimismo, San Pablo acudió en varias ocasiones para predicar y combatir el culto a Artemisa, y poco después se erigió una de las siete iglesias del Apocalipsis.
La decadencia de Éfeso llegó con los godos a principios del siglo III, quienes saquearon la ciudad e incendiaron nuevamente el tempo de Artemisa, que ya había perdido relevancia y no volvió a ser restaurado. Sus columnas de mármol fueron derribadas y utilizadas para la edificación de iglesias cristianas como la de Santa Sofía, en Constantinopla.
EL TEMPLO DE ARTEMISA.
El mejor sitio para comenzar el recorrido por Éfeso es el templo de Artemisa, considerado una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Aunque hoy solo puede verse una de las 120 columnas jónicas de antaño.
La armonía de sus proporciones, numerosas estatuas y obras de arte hacían de ella una auténtica joya del arte griego.
Allí se celebraban numerosos festines en los que se comía y bebía con desenfreno. La más espectacular de esas festividades convocaba alrededor de un millón de personas, incluso de ciudades lejanas como Jesusalén y Atenas. Tenía lugar en abril y duraba varios días.
ETERNO ESPLENDOR.
Para seguir un orden cronológico, la visita debería continuar por las ruinas de la ciudad, probablemente el mayor atractivo de Éfeso. La zona arqueológica tiene dos accesos; ingresando por la puerta superior se llega hasta la zona que fuera el puerto, pudiéndose observar a lo largo del recorrido los vestigios de la capital oriental del imperio romano:
• Termas de vario: aún pueden verse las paredes y bóvedas de los baños romanos. Llaman la atención los restos del extraordinario sistema de cañerías, con conductos realizados en barro cocido.
• Ágora del Estado: plaza rodeada de edificios civiles, flanqueado por columnas jónicas y corintias.
• El Odeón: teatro utilizado para representaciones teatrales y conciertos.
• Vía de los curetos: una de las arterias principales de la ciudad (los curetos eran los sacerdotes encargados de llevar leña al fuego sagrado que ardía en el Ayuntamiento). La calle es extensa y concluye en una plaza, donde se alzan el templo de Adriano y la biblioteca de Celso.
• Templo de Adriano: es de estilo corintio; una maravilla arquitectónica en la que destacan su decoración y relieves.
• Biblioteca de Celso: su fachada permanece en pie, ostentando cuatro nichos con estatuas que simbolizan la sabiduría, la virtud, la ciencia y la fortuna. Fue construida en 135 d. de C. por un cónsul romano en memoria a su padre Tiberio Julio Celso, gobernador general de la provincia de Asia. Está orientada hacia el este para que en las salas de lectura se aprovechara mejor la luz matutina. La tumba de Celso yace en la parte posterior.
• Vía de mármol: era la avenida principal, de 4 km. En la actualidad se ven los restos de columnas de 8 m. de alto, con frisos de mármol esculpidos. Llama la atención una huella grabada (un pie junto al dibujo de una mujer y un corazón) que indica la dirección al burdel, al final de la vía.
• El Gran Teatro: es el teatro más grande del mundo, con capacidad para 25 mil espectadores. La acústica era perfecta, ya que fue construido frente al mar. San Pablo predicó varias veces allí. Actualmente se lo utiliza para shows especiales, como los que presentaron Ray Charles y Luciano Pavarotti, entre otros.
• Iglesia de Santa María: la antigua Bolsa de cereales se convirtió en iglesia cuando el cristianismo fue adoptado como religión oficial del Estado. Allí tuvo lugar el Concilio Ecuménico de 431.
IGLESIA Y TUMBA DE SAN JUAN.
La siguiente parada es la basílica y tumba de San Juan, en la colina de Ayasuk. Se accede al predio por la Puerta de la Persecución, que es la entrada a la ciudadela interior de Selçuk.
El templo fue construido sobre la tumba de San Juan –quien murió en esta ciudad– por el emperador Justiniano, y fue reconocido como uno de los magníficos monumentos de la Edad Media. Diseñado por el mismo arquitecto que erigió la basílica de Santa Sofía, tenía tres naves y la tumba estaba situada bajo la cúpula.
Después de la llegada de los turcos a la región, un tercer monumento espléndido, la mezquita de Isa Bey, fue construida en las inmediaciones, en 1375.
LA CASA DE LA VIRGEN MARIA.
Otro de los mayores atractivos de Éfeso es la visita a la casa de la virgen María, en el monte Pión. Se sabe que Jesús confió el cuidado de su madre a San Juan, quien la llevó a Éfeso, huyendo de la persecución a la que fueron sometidos. Pero recién fue a fines de 1800 cuando se descubrieron los cimientos de una antigua casa, con restos de carbón en el hogar.
Se realizaron las excavaciones siguiendo las visiones de una cristiana alemana, Anna Katharina Emmerick. Y las pruebas de carbono 14 indicaron que correspondían al siglo I.
Dando por confirmada la hipótesis, sobre la casa se construyó una pequeña capilla, venerada tanto por cristianos como por musulmanes, ya que el Corán considera a su hijo como un profeta.
El lugar fue visitado por tres Papas y los fieles aseguran que del manantial cercano emana agua de poder curativo.
EL MUSEO DE EFESO.
El Museo de Éfeso es otro sitio clave, y el más significativo de Turquía. Abierto durante todo el año, expone obras descubiertas durante las excavaciones realizadas en Éfeso y otras ciudades antiguas.
Tiene ocho salas, en las que se destacan dos estatuas de Artemisa (“La Bella” y “La Grande”), un sarcófago romano, “Eros y el delfín” (una pieza de bronce que servía como surtidor de una fuente, que representa a Eros montado sobre un delfín), la cabeza de Eros (escultura de mármol), el fresco de Sócrates y el altar del templo de Domiciano, entre otras fascinantes obras.
Ecos del Asia Menor
KUSADASI: COMPRAS Y PLAYAS.
A menos de 20 km. de Éfeso se encuentra Kusadasi, ciudad-puerto que descansa sobre el mar Egeo, con bellas playas de arena blanca. Custodiada por un monumento al fundador de la república turca, Mustafá Kemal, es uno de los sitios turísticos más populares de Turquía y destino obligado para los cruceros. A metros del puerto se encuentra el Grand Bazaar, con numerosas tiendas en las que pueden adquirirse alfombras, ropa de cuero de oveja, especias, alhajas y todo tipo de souvenirs a muy buenos precios. Abre todos los días, de 9 hasta la medianoche.
Ubicación: Éfeso se encuentra en el distrito de Selçuk, en la parte asiática de Turquía (la otra, de menor proporción, corresponde a Europa).
Clima: mediterráneo, con inviernos templados y veranos largos y calurosos.
Idioma: turco.
Moneda: lira turca.
Cómo llegar: por avión hasta Izmir (75 km.), desde donde se puede acceder en tren o bus. Otra alternativa es viajar en barco al puerto de Ku?adasi (20 km.).
Dónde alojarse: en Kusadasi existen variadas propuestas de alojamiento, para todo tipo de presupuestos.
Informes: www.turismodeturquia.com.
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